1983 1983 1983 1983 1983
Gente y habitantes de Cadiz
La savia de la ciudad más antigua de Occidente.
133. ADELA MEDINA CUESTA.
Gitanilla del Carmelo.
Nació con retraso, con mucho retraso. Adelita Medina no era una persona para los tiempos actuales. Era un ser lleno de espiritualidad y de bondad, alejada de cualquier tipo de materialismo. Nada necesitaba y todo le sobraba. Gitanilla del Carmelo fue una buena escritora que cultivó con acierto la poesía. Unos versos siempre inspirados, como su propia vida, en su amor a Dios y en su devoción a la Virgen del Carmen. Y siempre con el pensamiento puesto en Cádiz, puesto que a a gaditana no había quién le ganara.
Nació en Cádiz, el 14 de octubre de 1885, realizando sus primeros estudios en la Escuela de Enrique Mosquera y en el Colegio de San Martín. Bordadora de profesión, durante muchos años tuvo abierto al público un taller dedicado preferentemente a temas religiosos. Hasta el final de sus días aceptó numerosos trabajos dedicados a la ornamentación religiosa.
Adelita, como era conocida por la práctica totalidad de los gaditanos, se dedicó con enorme éxito a la actividad literaria siendo muy celebradas sus poesías y sus autos sacramentales. Habitual colaboradora de DIARIO DE CÁDIZ, desde su primera juventud, recibió a lo largo de su dilatada vida numerosos premios.
Durante muchos años fue la encargada de redactar el Santoral. Un empleado del periódico acudía diariamente al domicilio de Adelita, en la plaza del Mentidero, a recoger las notas manuscritas por ella sobre los santos del día. Un 24 de agosto, poco años antes de morir, se le fueron los santos al cielo de Cádiz y escribió: ‘San Bartolomé, Llompart’. El recordado periodista lloraba de risa al leer la nota de Adelita.Una nota que, en el fondo, no hacía otra cosa que adelantar los acontecimientos.
Adela fue autora de numerosas obras literarias, destacando ‘Fraile y medio’, dedicada a San Juan de la Cruz. También escribió varios autos sacramentales, como el estrenado en la plaza de la Catedral el 21 de junio de 1941. En esa ocasión el numeroso público que presenciaba la obra solicitó con ovaciones la presencia de la autora. Gitanilla, con su habitual humildad, se negó en rotundo y marchó a su domicilio sin que nadie la viera.
Bordadora de excepción, sus trabajos fueron principalmente para las cofradías y asociaciones religiosas de Cádiz. Para todos tenía una flor elaborada con papel y una frase amable. Todos los Martes Santo acudía a la capilla de Jesús Caído a entregar una rosa natural a la Virgen de los Desamparados para que la llevara durante su estación penitencial. En justa correspondencia, el paso se detenía al llegar frente a su domicilio y Adelita salía al balcón mientras los cargadores le volvían la imagen.
‘La niña del Mentidero’, como le gustaba que le llamaran, nunca perdió la alegría y el sentido del humor. Disfrutaba cuando algún coro o alguna comparsa subía a su domicilio para ofrecerle su repertorio. Adelita falleció el 15 de enero de 1983 cuando había cumplido 93 años. Seguro que está disfrutando de ese lugar que Dios tiene reservado para las personas buenas, sencillas y humildes. (Textos: José María Otero)
Comparsa: Robots.
Año: 1983- Cádiz. Segundo Premio.
Letra: Joaquín Quiñones Madera.
Música: Aurelio del Real Germán.
Dirección: Aurelio del Real Germán.
Pasodoble: Hay un balcón.
Hay un balcón en el Mentidero,
no es uno más de aquel bello rincón,
éste derrocha amor,
sus encajes de hierro.
Tras su limpio cristal
entre tiras bordá,
vive gitanilla del Carmelo,
cuanta historia encierra,
cada pliegue de su piel.
Con casi un siglo
de poesía de caminar,
quién le ha dicho más a Cai
y su verde mar,
¿quién se muere más
por su alamea?.
Tú, que bordastes
tantos versos punta a punta,
eres hábito constante
del verbo amar,
y estandarte de la virgen marinera.
Aunque sé que jamás
te han gustao los honores,
deja que eche a tus piés,
ramos de flores.
éste derrocha amor,
sus encajes de hierro.
Tras su limpio cristal
entre tiras bordá,
vive gitanilla del Carmelo,
cuanta historia encierra,
cada pliegue de su piel.
Con casi un siglo
de poesía de caminar,
quién le ha dicho más a Cai
y su verde mar,
¿quién se muere más
por su alamea?.
Tú, que bordastes
tantos versos punta a punta,
eres hábito constante
del verbo amar,
y estandarte de la virgen marinera.
Aunque sé que jamás
te han gustao los honores,
deja que eche a tus piés,
ramos de flores.
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